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| QUIMIOTERAPIA INTAPERITONEAL |
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Cambios recientes en el tratamiento de los pacientes afectos de carcinomatosis peritoneal difusa de diferentes orígenes, de sarcomatosis o de mesotelioma peritoneal difuso primario están demostrando resultados favorables.
Se ha producido un cambio en la administración de lo citostáticos, tanto en las dosis, como en la ruta o en el tiempo de administración de los mismos. |
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La administración directa de drogas citostáticas específicas en la cavidad peritoneal permite conseguir concentraciones máximas de intensificación regional de quimioterapia directamente en la cavidad abdominal, donde el tumor se encuentra localizado, y en el momento de menor grado de enfermedad, una vez conseguida la citorreducción oncológica completa de la enfermedad macroscópica. El problema de la adecuada distribución homogénea de la quimioterapia, antes imposible de conseguir por las adherencias y suturas realizadas, se consigue al administrarse intraoperatoriamente antes de realizar ninguna anastomosis reconstructora del tránsito intestinal, y realizarse según técnica abierta, asegurando la distribución por toda la cavidad y la temperatura necesaria para conseguir los efectos potenciadores de la hipertermia.
La quimioterapia que con esta nueva estrategia terapeútica se administra directamente en la cavidad abdominal, comienza en la misma intervención directamente en el quirófano y continua después durante los primeros cinco días postoperatporios. Si bien solamente se administra cuando hemos conseguido erradicar la enfermedad macroscópica con la citorreducción quirúrgica o la enfermedad residual es milimétrica en su espesor. La administración de quimioterapia intraperitoneal en pacientes con tumor residual superior a 3 mm, no produce beneficios a largo tiempo y a menudo es responsable de una excesiva morbimortalidad injustificada. |
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| La administración de esta quimioterapia intraperitoneal se facilita mediante la instauración de un circuito de tubos de inyección y drenajes de extracción con termómetros de temperatura, que se colocan a través de la pared abdominal cuando finaliza la citorreducción y antes de practicar ninguna anastomosis reconstructora del tránsito intestinal para evitar que células tumorales puedan quedar aisladas sin ser bañadas por esta solución citostática. |
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La hipertermia con la quimioterapia intraperitoneal tiene algunas ventajas:
- Primero, el calor por sí mismo tiene más efecto tóxico sobre los tejidos cancerosos que sobre los tejido normales. Este efecto predominante sobre el cáncer aumenta conforme disminuye la vascularización del tumor.
- Segundo, la hipertermia aumenta la penetración de la quimioterapia en los tejidos. Los tejidos se ablandan en respuesta al calor, disminuyendo la presión intersticial de la masa tumoral y permitiendo la penetración mayor de las drogas.
- Tercero y probablemente lo más importante, el calor aumenta la citotoxicidad de agentes quimioterapicos seleccionados. Este sinergismo ocurre en la interfase del calor y el tejido corporal en la superficie peritoneal.
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Durante la perfusión, todas las estructuras anatómicas del abdomen son uniformemente expuestas al calor y la quimioterapia. El cirujano continuamente repasa la superficie del intestino para eliminar células cancerosas de la superficie. Unos rotores impulsan la quimioterapia a través del cateter de Tenckoff y la extraen a través de los 3 drenajes de Jackson Pratt, manteniendo una circulación continua, consiguiendo una temperatura intraabdominal de 42ºC.
Solamente después de retirar la quimioterapia del abdomen tras 90 minutos de exposición, es cuando se realizan las anastomosis de reconstrucción del tránsito intestinal. El circuito de drenajes y tubos se deja para instilar la quimioterapia postoperatoria precoz. |
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